Todo aquello que comienza, un día termina. Así estamos llegando al final del Año Paulino (29 de Junio de 2009). Deseamos que la dinámica propuesta continúe, más allá de este tiempo especial dedicado a la persona y vida del apóstol Pablo. Que ahora Pablo vuelva a un segundo plano, sería lamentable.
Señalo dos noticias poco conocidas que alientan a pensar en positivo. En primer lugar, destaco aquella solicitud de una joven estudiante para que la orientáramos sobre cómo realizar su tesis sobre san Pablo y los jóvenes.
Justamente en junio de 2008, marcábamos los principales objetivos planteados por el papa Benedicto XVI, en relación al Año Paulino: redescubrir la figura y la actividad de san Pablo; volver sobre sus escritos y acoger sus ricas enseñanzas. Que durante este tiempo haya surgido interés por profundizar sobre la persona y la obra Pablo es ya un logro importante. Los estudios siempre abren caminos nuevos hacia el futuro. Nos alegramos y motivamos para que este interés siga creciendo en los ámbitos universitarios.
Por otro lado, resaltamos otro hecho poco conocido. Estos días estuvimos con un párroco, sus catequistas, los padres y los niños de la catequesis familiar de una parroquia, profundizando sobre la persona de san Pablo. Un encuentro sencillo y, a la vez, profundo. Sin lugar a dudas Pablo pasó moviendo los corazones de las familias.
Además están aquellos otros hechos que usted conoce, aunque no hayan sido publicados por ningún medio. Son parte de la dinámica comenzada y que debe continuar en otros escritos, en otras conferencias, en otras investigaciones, en nuevos proyectos misionales, etc., etc.
Para que esta dinámica del Año Paulino no decaiga les invitamos a rogar para que el Señor llame, en nuestra comunidad eclesial, a quienes puedan actualizar las diversas facetas del apóstol Pablo. Que Dios siga encontrando a nuevos “Saulos” dispuestos a ser “Pablos hoy” siendo…
- Personas de fe dispuestas a permitir que Dios les cambie la vida y los modele en aquel camino que los encuentre.
- Laicos que sientan el deseo de ser el sabor de Dios en el mundo:
- Niños que reciban, desde el vamos, la Ley de Dios en sus corazones, y desde allí puedan gestar un mundo nuevo desde el ejemplo de Jesús.
- Jóvenes dispuestos a escribir una nueva historia desde Jesucristo Maestro en todos los órdenes de vida.
- Esposos que logren mantenerse fieles en el amor asumido, una vez para siempre, y que consigan inculcarlo en sus hijos.
- Matrimonios que reciban a sus vecinos en sus casas y compartan con ellos la Palabra de Dios, como auténtica iglesia doméstica, viviendo en comunión con las demás comunidades de la parroquia y de la diócesis.
- Profesionales y trabajadores que prioricen el servicio a su ganancia personal, en los trabajos realizados.
- Políticos que asuman el bien público como su principal ocupación, y que sean continuadores de proyectos válidos y duraderos.
- Pastores capaces de hacer comprensible el Evangelio sea a niños y como a los jóvenes, los adultos y a los ancianos, a los ricos y a los desprotegidos, a los que creen y a los no creyentes.
- Consagrados que sean testigos vivos de las bienaventuranzas del Reino de Dios con sus palabras, sus carismas y sus obras de apostolado específico.
- Párrocos que mantengan en estado de misión a sus parroquianos, saliendo a buscar especialmente a los que no conocen a Dios y a los que, tal vez por algún desengaño, se fueron de la Iglesia.
- Obispos que favorezcan la unidad de su clero y de todo el rebaño encomendado. Que motiven a sus curas a permanecer alegres en el servicio del Pueblo de Dios, y que a su vez convoquen a toda la comunidad eclesial a anunciar el Evangelio a todos, en primer lugar.
- Comunidades eclesiales (laicos, consagrados y ministros ordenados) que capten y respondan a las nuevas y desafiantes necesidades de nuestros tiempos.
Con estos deseos, hechos oración, nos despedimos del Año Paulino. Esperamos seguir encontrándonos en otros espacios que el Señor señalará en el futuro. Concluimos con la exhortación de primera carta a Timoteo (4,13): Mientras llego, dedícate a la lectura, a la predicación y a la enseñanza. Y con el infaltable deseo de Pablo en sus cartas: ¡Gracia y Paz a todos ustedes!