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Editorial SAN PABLO
 
Vida Pastoral

Comunidad, carismas y ministerios

“Comunidades eclesiales
de base renovadas,
semilla de una nueva sociedad”

VI Encuentro nacional de comunidades eclesiales de base
Autor: † Ángel M. Caputo

A través de tres momentos, el autor comparte lo ocurrido y vivido en el último encuentro nacional de las comunidades eclesiales de base.

Breve crónica

El VI Encuentro nacional de comunidades eclesiales de base se llevó acabo en el Colegio María Auxiliadora de Rosario, del jueves 14 al domingo 17 de julio, participando alrededor de 1200 representantes pertenecientes a treinta diócesis de las setenta y cuatro que hay en el país. Estuvieron presentes tres obispos: Marcelo Melani, de Neuquén y Delegado de la Conferencia episcopal argentina para el acompañamiento de las comunidades eclesiales de base, Fernando Maletti de Bariloche y Luis Stockler de Quilmes. Y enviaron su mensaje y adhesión siete obispos (de Salta, Santo Tomé, Formosa, Alto Valle, Merlo-Moreno, Santiago del Estero, San Isidro) y el arzobispo de Rosario, Eduardo V. Mirás, quien por razones de salud no pudo participar. En el momento inicial, estuvo también presente el obispo emérito de la Iglesia Metodista, Federico Pagura. Los participantes nos alojamos en colegios y parroquias del centro rosarino que abrieron sus puertas para vivir y compartir este acontecimiento eclesial.

La apertura y el momento inicial del Encuentro fue una gran celebración a lo largo de tres horas, donde –en medio de cantos, bailes, oraciones, representaciones llenas de símbolos, en mística pascual y con la fuerte presencia mariana y de los santos patronos de nuestras comunidades– fuimos haciendo memoria de los encuentros anteriores. El primero se realizó en Santiago del Estero en 1987, el segundo en González Catán en 1990; el tercero en Viedma en 1993; el cuarto en Formosa en 1997 y el quinto en La Rioja en el año 2001. Y junto con esta memoria, las diversas regiones fueron presentando los signos de vida y desafíos del diario vivir a lo largo y ancho del país sacudido, golpeado y saqueado por el imperialismo del mercado neoliberal.

El día viernes por la mañana, después del momento de oración y de un trabajo de grupos, fue marcado por los aportes, desde lo social y lo eclesial, brindados por Gustavo Carreras y de mi parte, respectivamente. Gustavo Carreras nos metió en nuestra realidad con una ponencia que tituló: "Breve Ensayo sobre la crisis Argentina". Fue presentándonos la situación socio-política y los diversos modelos económicos, desde 1880 hasta nuestros días. Planteando también pistas para "seguir reclamando una mejor distribución de la riqueza, y que es más importante y más fuerte la solidaridad que el sálvese quien pueda". De mi parte, se trató de un aporte desde lo eclesial, denominado: "Comunidades eclesiales de base: historia y contexto eclesial". Memoria y mirada crítica superadora. Fue un abordaje en tres bloques: 1) Los comienzos del camino y primera etapa de las comunidades eclesiales de base (1965): Origen, crecimiento y expansión; 2) Las dificultades del camino en la vida y marcha de las comunidades eclesiales de base (1990): Estancamiento, replanteo, crisis y resistencia; 3) El Caminar de las comunidades eclesiales de base hoy (2005): Constataciones, desafíos y perspectivas.

Las ponencias fueron seguidas por un trabajo grupal, con algunas preguntas guías para rumiar los aportes. Se conformaron ochenta grupos y se trabajó luego en mini-plenarios. Todo este trabajo y compartir culminó hacia mediados de la tarde en una celebración enmarcada por el relato de los discípulos de Emaús (Lc 24, l3-35), para luego empezar a recorrer la feria de experiencias que abarcó nueve áreas de la realidad desde las comunidades eclesiales de base: formación política, tierra-agua y vivienda, familia, jóvenes, derechos humanos, catequesis y Biblia, misión, organización de la solidaridad y salud.

Siguiendo en la huella del Encuentro, el día sábado, después de la oración y una devolución de lo vivido el día anterior, que hicimos juntos con Juan Angel Dieuzeide, Juan Ignacio Clarey y Mario Bissaro presentaron un sustancioso aporte sobre "Identidad y misión de las comunidades eclesiales de base para construir una nueva sociedad". Plantearon que se trata de una "identidad dinámica" que se despliega en las dimensiones estructural y vital. En cuanto a la primera, precisaron que es el "primer nivel de Iglesia, la Iglesia en la base, en su expresión mínima y fundamental" (Medellín, 15, 10, P. 640). "La iglesia no nació parroquia o diócesis, nació comunidad local, nació como célula inicial, plural y en marcha...". En cuanto a lo vital apuntaron a cinco características o itinerarios: el discipulado, lo comunitario, lo misionero y en dimensión ecuménica, lo social y el Espíritu...Y la acción del Espíritu "no es tanto para llevar la gente a los sacramentos de la Iglesia, sino para que la Iglesia llegue a ser sacramento para la gente, en algún momento de su vida".

Seguidamente, desde los aportes de las distintas regiones y de los asesores, se volvió a los trabajos de grupos apuntando ya a la toma de decisiones y opciones, con la consigna: para ser comunidades eclesiales de base renovadas, semilla de una nueva Sociedad, concretamente: 1) ¿qué tenemos que seguir haciendo?, 2) ¿qué tenemos que dejar de hacer? y 3) ¿qué tenemos que comenzar a hacer?

En esta línea de aterrizaje a la realidad, se trabajó por diócesis y luego por regiones. A modo de síntesis de los tres momentos en que se trabajó la consigna, he aquí algunas de sus conclusiones:

• Vivir la centralidad de la Palabra de Dios.

• Perseverar, a pesar de las dificultades y los obstáculos.

• Ser comunidades orantes, fraternas y comprometidas frente a la realidad.

• Apertura y saber trabajar con otros (organizaciones sociales...), sin perder nuestra identidad: es posible construir el Reino juntos.

• No perpetuar a los "líderes-animadores", sean laicos o sacerdotes, creando dependencia. Para ello insistir en la formación de animadores para fortalecer una marcha amplia y participativa.

• Perder el miedo a meternos en lo social y lo político para aumentar nuestra participación y nuestra capacidad de decisión y gestión, dejando de lado el conformismo y asumir la posibilidad de cambio de nuestra realidad.

• Reafirmar la metodología de las comunidades eclesiales de base, sus cinco pasos del ver, juzgar, actuar, evaluar y celebrar; acentuando el momento del juzgar, que a veces descuidamos, y que sea desde una mirada evangélica crítica, política y desafiante.

• Contactarnos con otras diócesis que participaron en encuentros anteriores, e informarles lo aquí vivido.

• Organizar talleres bíblicos.

• Comprometernos más en el trabajo en nuestras comunidades, siendo más abiertos, uniéndonos, organizándonos.

• Convencernos de lo que somos y sobre qué queremos ser, asumiendo la realidad de los pobres y excluidos, aquellos que no tienen ningún lugar en la sociedad, para ser protagonistas de un cambio.

• Capacitarnos tanto en lo eclesial como en lo social.

• Integrar a los jóvenes y valorar su creatividad. Fomentar un pastoral juvenil desde las comunidades eclesiales de base.

• Participar en escuelas de formación ciudadana para ser protagonistas desde una actitud crítica y constructiva de nuestra realidad .

• Generar redes de información por diócesis y región.

• Impulsar el espíritu misionero.

• Fortalecer los equipos locales de las comunidades eclesiales de base

• Continuar con los encuentros diocesanos, dando mayor espacio de protagonismo a los jóvenes.

Este día culminó con una cena-fogón donde desfilaron los diferentes rostros, ritmos y tonadas de nuestro país. Todos con su gracia y alegría que contagiaban y entibiaban la fría noche rosarina.

El domingo fue el día de la clausura. A media mañana vivimos la celebración eucarística presidida por el padre obispo Marcelo Melani, junto a los obispos Luis Stockler y Fernando Maletti. Celebración marcada por la memoria y presencia de los testigos y mártires de nuestras comunidades...

Celebración que se extendió, ya emprendiendo el regreso bajo el sol rosarino, al Barrio Ludueña, más precisamente a la Plaza "Pocho Lepratti", donde hicimos memoria del Pocho: este cristiano que se tomó en serio el Evangelio y que la itaka policial asesinó en aquella tarde del 19 de diciembre de 2001. Pero, como proclamó uno de los jóvenes: "Al Pocho no lo mataron; ‘lo multiplicaron’ por las calles y los barrios de Rosario en la numerosa juventud jugada que resiste a la exclusión social y sueña en la construcción de otro país marcado por la justicia y la dignidad".

Puntos destacados del Encuentro

Clima del encuentro... Si bien la temperatura ambiental fue más bien fría, el "clima humano" fue muy cálido y caliente, de mucho entusiasmo, de simplicidad y profundidad en todos los trabajos realizados.

Fueron días marcados por el trabajo y la fiesta, en el canto y el baile, y en los diversos momentos libres, entre mate y mate, para el compartir espontáneo de las vivencias y experiencias. Espacio de gratuidad que fue vivido con mucha intensidad.

Las celebraciones... Todas ellas fueron expresión de la mística y espiritualidad de las comunidades eclesiales de base, donde el "corazón-la mente-los pies", toda la vida se hacía memoria y proyección de pueblo en la fiesta celebrativa. Espiritualidad en dimensión trinitaria, mariana-santoral y martirial.

Celebraciones con gran protagonismo de los participantes, impregnadas de nuestra cultura y religiosidad popular y la fuerte presencia de la Palabra de Dios, en las que resonaron los clamores de las distintas provincias, del campo y sus valles, de los bosques y ríos, de los cerros y las montañas, de los centros urbanos y las barriadas... Clamores que expresaron los golpes, las heridas, las frustraciones del sistema neoliberal y las ansias de vida, la lucha, la resistencia... y la esperanza de una nueva sociedad.

Los jóvenes... Por supuesto que no fueron la mayoría, tampoco lo son en las comunidades, pero hicieron sentir su voz y su clamor, no en forma quejosa, sino creativa y responsable. Hablaron de las dificultades, posibilidades y riquezas de la vida comunitaria. Hay comunidades donde realmente los jóvenes son el motor de la comunidad y en un trabajo integrado con los adultos. De todos modos ante la poca participación o presencia, habría que preguntarse si es porque las comunidades eclesiales de base no le dan el "espacio", si a los jóvenes no les interesa participar, o habría otras preguntas o cuestiones a plantearse... Y las hay, para lograr una mayor objetividad, pero que aquí no podemos ahora abordar.

El encuentro de sacerdotes... Fue de mucha importancia el encuentro que mantuvimos los treinta sacerdotes participantes. Allí pudimos compartir nuestras vivencias y miradas de las comunidades eclesiales de base frente a la situación y coyuntura socio-eclesial. Varios fueron, sin duda, los temas que salieron a lo largo del fructuoso intercambio: el miedo a los pobres cuando comienzan a ser protagonistas, el miedo de sectores eclesiales a esta nueva manera de vivir la Iglesia, la formación de los seminaristas y la nueva generación de sacerdotes, la cuestión de los ministerios y la relación sacerdote-laico, la relación con el movimiento carismático, la cuestión de la formación consciente y liberadora, retomar el impulso del Concilio Vaticano II, la renovación de las comunidades eclesiales de base como tarea conjunta de laicos y curas y donde no pueden faltar los obispos, pero empecemos por algún lado, etcétera...

Quedamos, como conclusión, en la conveniencia de abrir un espacio de encuentro y articulación de los sacerdotes que estamos involucrados en la vida y marcha de las comunidades eclesiales de base y de aquellos que tengan interés o inquietudes para involucrarse.

Para ello propusimos para el próximo año, posiblemente en los primeros meses, en conjunto con los integrantes del Equipo nacional de comunidades eclesiales de base, un encuentro de discernimiento y profundización en la identidad y misión de las comunidades eclesiales de base en Argentina, y ver también, desde aquí, nuestro aporte posible a la Vª Conferencia general del episcopado latinoamericano que se realizará en 2007.

El aporte de los obispos... A lo largo del encuentro fue fuerte –era su objetivo– lo de las comunidades eclesiales de base renovadas para una "nueva sociedad". El aspecto que sigue, si bien salió, fueron los Obispos que lo pusieron y explicitaron y nos llamó gratamente la atención... Fue en la Homilía, donde los Obispos Marcelo y Fernando, pusieron el acento sobre el hecho de que las comunidades eclesiales de base tienen que ser semilla también de una "nueva Iglesia", de una Iglesia renovada en fidelidad al Proyecto de Jesús.

Cómo seguir: luces, desafíos, interrogantes...

Sin duda que el Encuentro fue una fuerte experiencia del Espíritu, un "aire nuevo" de entusiasmo, de alegría, de luces, de opciones renovadas para las comunidades eclesiales de base de Argentina, marcado por la memoria y la mística, las pistas de acción y empuje para afrontar su "renovación". Aire nuevo expresado en todo lo vivido y en lo que oímos al pasar: "comunidades eclesiales de base, renovarse no es ‘maquillarse’... hay que ir a fondo"; "otra Iglesia y sociedad es posible"; "las comunidades eclesiales de base están vivas: sin mucho ruido resisten y persisten ..."; "pedimos a los sacerdotes y a los obispos que acompañen este ‘nuevo rostro’ de la Iglesia, esto es fundamental a la hora de hablar de comunidades eclesiales de base renovadas"...

Desde la coherencia y fidelidad al proyecto de Jesús, he aquí algunos desafíos salientes que surgieron para ser "comunidades eclesiales de base renovadas":

• Vivir la fraternidad.

• Ser una Iglesia comprometida con la realidad frente a este sistema neoliberal genocida y ecocida.

• Asumir nuestra ciudadanía, el protagonismo social en los lugares donde nos encontremos.

• Superar la "solidaridad cómplice" en nuestras comunidades, que muchas veces nos convierte en simples gestores del Estado, para apuntar a una "solidaridad concientizadora y liberadora".

• El cómo avanzar cuando los sacerdotes y/o el obispo no apoyan, cómo mantener la comunión en la posible tensión, y qué estrategias de diálogo y comunicación darse.

• Ver qué pasa con los jóvenes en las comunidades ¿Tienen realmente la posibilidad de una participación creativa y responsable, y no como simple "chico/a de los mandados"?

• Recuperar la "base" de la comunidad eclesial de base: la base "teológica" de primera célula de estructuración eclesial y la "sociológica" de apertura e inclusión de los más pobres y excluidos, pobreza y exclusión que no se agotan en la sola dimensión económica. Y esto no como dos realidades, sino como dos dimensiones de una misma realidad del pueblo de Dios.

Se trata de recuperar, de reencontrarnos con la "base" de la comunidad eclesial de base, todos los bautizados, en una actitud ecuménica, y juntos ser una Iglesia servidora y samaritana para lograr la vida en abundancia para todos (ver Jn 10, 10).

El encuentro terminó, y su evaluación fue altamente positiva por parte de los participantes, más allá de algunas cuestiones menores o no, que siempre las hay...

Pero frente a esta "hermosa y fuerte experiencia" del encuentro y de las comunidades eclesiales de base esparcidas por el país –y que sin duda no están "confirmadas en gracia", pero quieren hacer un camino de conversión, de gratuidad y de construcción del Reino de Dios y su justicia (ver Mt 6,33)– está también la dureza de la realidad social y eclesial que plantean sus interrogantes en vistas al futuro... La "dureza" del sistema neoliberal a afrontar diariamente para poder sobrevivir y buscar alternativas. Y la "dureza" eclesial de una Iglesia argentina que, con sus excepciones, no termina de encarnarse en esta realidad doliente y que también no termina de asumir en su vida y práctica, más allá de las declaraciones, esta nueva manera de vivir la Iglesia en la base y sus consecuencias para los distintos niveles eclesiales. Nueva manera de vivir la Iglesia que retoma lo más antiguo y que desde el Concilio Vaticano II fuera impulsada por la conferencias episcopales de Medellín y Puebla.

Es por ello que sin triunfalismo, pero también sin caer en el pesimismo o el derrotismo, tenemos que mirar la vida y la marcha de las comunidades eclesiales de base hacia el futuro con un sano realismo.

Realismo que, bajo el soplo del Espíritu, tenemos que asumir y vivir sin impaciencia y con sabiduría, con audacia y esperanzada creatividad, para seguir en la brecha confiados, desde la espiritualidad bíblica, en la fuerza y eficacia de lo débil y pequeño que cuando es auténtico como el "grano de mostaza" o la "levadura" (ver Mt 13, 31-33) crecerá y fermentará la Iglesia y la sociedad. Y con comunidades eclesiales de base renovadas, desde esta mística y espiritualidad, la nueva sociedad y otra Iglesia ¡serán posibles!

Conclusión

Vaya nuestro agradecimiento al Equipo nacional de delegados de las comunidades eclesiales de base de las distintas diócesis y asesores por todo el trabajo previo y durante el Encuentro.

Y nuestro reconocimiento y gratitud a nuestros hermanos rosarinos, comunidades e instituciones, que nos abrieron sus puertas y se brindaron por entero en los distintos servicios que hicieron al éxito del Encuentro.

Que la memoria y presencia de los testigos y mártires, de ayer y de hoy, nos ayuden a vivir y a expandir el "nuevo aire" de renovación de las comunidades eclesiales de base que juntos, bajo el soplo del Espíritu, en Rosario empezamos a vivir. ¡Fuerza y adelante! "¡Hay que seguir andando nomás!".

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